Converso sobre mis intereses en un campo que, tal vez, podría ser cercano al del arte. En general, me intriga la idea de la paradoja, de lo que se encuentra en un bucle; pero más aún me inquieta el pensar en cómo hacer de la paradoja algo tangible a través de cualquier soporte, aquello constituye, a grandes rasgos, el impulso de todo mi proyecto de investigación-producción. No obstante, el presente texto no está enfocado plenamente en esta inquietud, sino, más bien, en lo que permea alrededor del mismo proyecto, en lo que surge cuando se comparte, incluso con uno mismo, en lo que podría denominar, de algún modo, como “puntos ciegos”, aquellas cuestiones que de pronto pasan desapercibidas por encontrarme inmersa en la construcción de las mismas. Este texto busca de-sarrollarse a manera de una especie de “entrevista introspectiva”, explorando algunas de las preguntas cuyo eco resuena, aun después de varios días de terminada una conversación por video llamada con alguien que no se encuentra inmerso directamente en un ambiente de producción artística, y por ello puede lanzar preguntas desde una posición, quizá, más acertada.
Todo el posible acercamiento a estas interrogantes debe tomarse nada más como supuestos fundados en percepciones personales que no buscan ofrecer una respuesta en concreto, sino, más bien, divagar en alguna de las posibilidades de estas preguntas.
…
- ¿Cómo abordar la cuestión de la investigación en artes? Debo admitir que por el momento no poseo respuesta, ni urgencia alguna por tal situación. Aun así, he pensado al respecto. Cuando se trata de mi producción plástica, y más aun de lo que sucede en el proceso de construcción de esta misma, resulta complejo hablar de ello, dado que considero que conocer puede ser un proceso bastante ambiguo en el cual se establecen relaciones entre los sucesos de este mundo extraño y mi propia persona. De este modo, el conocimiento (en este caso específico por medio del arte, pero no exclusivamente) comienza, quizás, con una fascinación por el mundo. Pero quedan aún bastantes espacios en blanco, probablemente uno de los más importantes sea el ¿conocer qué? o ¿para qué conocer? ¿Puedo entonces responder estas preguntas con mi quehacer artístico? o, tal vez, sea mejor buscar ¿a qué preguntas responde ya mi producción? es decir, yo tengo respuestas, ¿cuáles son sus preguntas?
- ¿De qué manera se le puede establecer un orden a un pensamiento que es aparentemente disperso y que, en la mayoría de las veces, se guía por una intuición predeterminada? Soy consciente de que las posibles relaciones que se entablan para mi investigación particular son siempre, o mayormente, de carácter
“contradictorio”, o, mejor dicho, paradójico. En este sentido, puedo identificar un punto de inicio y, en el mismo instante efímero, una intuición de su final, sin embargo, este instante intuitivo no es lo suficientemente claro, de allí que se desprenda un proceso exploratorio para aproximarse a una idea tangible del mismo
final; es en la construcción de este puente, cuya forma es la de un uróboro, que se desarrolla todo el cuerpo de una pieza artística, incluyendo el empate entre lo matérico y lo conceptual. Puede que, de esta manera, la razón o motivo de la investigación y producción permanezca siempre visible y oculta a la vez.
- ¿Es la finalidad última del arte ser mirado? específicamente ¿puede mirarse mi producción o puede hacer mirar? Quizás todo impulso “creativo”, o generativo, responde a un deseo de querer ver, de mirar más de lo que se presenta a simple vista; las obras y piezas de arte que funcionan bajo esta lógica, son catalizadores,
o evidencia, de que un mismo fenómeno puede mirarse desde cualquier punto y
abrir posibilidades sobre sí mismo, diluyendo las ideas de lo permanente y lo
inamovible, estas posibilidad solo podrían contemplarse cuando también existe una
inquietud por mirar por parte de un espectador, de otra manera, no podría existir un
espacio de intercambio entre un productor, una obra y un otro intérprete. El hacer
mirar está más relacionado con el hecho de que no busco ofrecer una obra acabada,
sino, más bien, una posibilidad, una situación a partir de la cual la obra puede
desarrollarse en un espacio de pensamiento.
- ¿Cómo influye el contexto en mi producción? Pienso que debe existir un
sistema de referencia que se asimile como parcialmente fijo desde el cual se pueda
desplazar el pensamiento, podría tal vez tratarse del lenguaje, o probablemente solo
sea el ser humano mismo, que refiere cualquier experiencia (tanto física como
mental) hacia su propio entendimiento, dicho punto de referencia se presenta por
las condiciones espacio-temporales en las que se gesta un proceso de
pensamiento, es decir que, se reconocen un conjunto de circunstancias presentes
que dan lugar a un modo de ver. Tal vez, de ahí que el proceso de investigación y
producción, no solo en el campo del arte, sino, en general, sea un proceso doble
que involucra de igual modo las percepciones particulares de cada individuo, así
como una carga cultural e ideológica ya impuesta por el contexto, no separando
este par de sucesos como contrarios, sino distinguiéndolos en su homogeneidad.
- Cuando se genera un puente entre un entendimiento reflexivo de algún
fenómeno y su fisicalidad como pieza artística surge una imagen que
transmite o enuncia algo, es decir que, existe un discurso en las piezas ¿Qué
es aquello que se discursa en mi producción? planteado de otra manera
podría ser ¿qué dice la materialización de una paradoja? Probablemente lo que
busco en la producción es presentar, a través de la misma, una experiencia que pueda aportarle a un tercero una mirada diferente, reflexiva y critica sobre las
estructuras lógicas y el sentido común que rigen los aspectos de situaciones
cotidianas, a fin de proponer otra forma de aproximarse al mundo. O probablemente
no busque nada más que mi propia mirada y un “pretexto” para expresarla, puesto
jamás podría asegurar que alguien, además de mí, haya mirado o concebido alguna
pieza de igual modo, por más compartidos que puedan ser los esquemas de
interpretación, siempre son algo individual cuando se practican, pero esta misma
ambigüedad es lo que enriquece, no solo una pieza, sino cualquier fenómeno del
mundo.
- ¿Qué sucede con una obra después de haber sido expuesta y mirada? ¿Qué
queda de ella? Pienso que la obra, en cuanto a un proceso cercano al arte, surge
en una especie de encuentro entre una materialidad y un intérprete, entonces la
obra no remite a un objeto físico, sino a una situación, o acontecimiento, que es más
bien confusa, cuyo tiempo puede ser fugaz o permanecer, siendo entonces
inmaterial en el sentido de provocar, o ser, una sensación o pensamiento. Como si
las obras nacieran por un breve tiempo y, luego de ese encuentro, murieran en
silencio, quedando expuesto al público un documento (es decir, el cuerpo de la obra
como objeto) que brinda una prueba de que la obra existió y al mismo tiempo la
hace surgir, con lo que me pregunto, de igual modo, si, ¿acaso cuando una obra
cumple su cometido, nunca se le vuelve a ver y es desechable? La obra puede ser
desechable y permanente al mismo tiempo, porque no se trata de un fenómeno
unidimensional. Si la obra ya ha impulsado una reflexión que se construirá como
independiente de su referencia, entonces ya no es necesaria, mas, sin embargo, se
conserva en ese estado de catalizador para prestarse a otras miradas distintas o
incluso para volver sobre la misma, suponiendo que se le pueda mirar igual dos
veces.
Karla Michel Torres Evangelista
Taller de Investigación VIII
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