El Proscrito Soy Yo


                                                           El Proscrito Soy Yo

Se dice o se cree que el lugar personal de cualquier persona es su casa por ello la frase “el hombre pobre en su casa es rey”, pero la palabra casa es más una metáfora que puede tomar una plasticidad psíquica corpórea que un lugar único ontológico físico. Cuando se menciona casa-tu casa mi casa- se refiere, en su mayoría, en el lugar en el que crecimos, donde convivimos con nuestros padres y hermanos si es que se tienen, un lugar en donde uno puede ser leal consigo mismo, su lugar privado en un mundo donde no hay privacidad. Pero todos sentimos nuestra casa como “nuestra casa “o acaso podemos llamar hogar a un lugar que no contenga cuartos, baño, sala, cocina, etc. Cualquier lugar en el que se sienta como y a gusto- corpórea y mentalmente-, yo digo que sí y que cualquier lugar puede tomar la esencia del hogar, así que casa u hogar es primero un espacio antes que una cosa.

Un vagabundo siente la calle como su hogar, un preso siente la cárcel como su hogar, pero ¿qué pasa con las personas que no sienten ningún espacio como un hogar fijo? Alguien que no tiene un hogar seria catalogado como vago; aunque ya vimos que el vagabundo también tiene un hogar así que ¿cómo llamar a alguien sin hogar? Al igual que la Bruja o que Adán y Eva alguien que no tiene un hogar tanto físico como metafísico toman el lugar del proscrito: el expulsado de su patria.

Las personas con THDA (El trastorno de hiperactividad con déficit de atención) pueden tomar el lugar simbólico de un proscrito contemporáneo, como en mi caso, y al igual el proscrito original que es expulsado por motivos políticos, el hiperactivo

 

siente una inconformidad y desagrado a los espacios, a las reglas y normas que rigen estos espacios. Seguir reglas y normas provoca cotidianidad, un estado de   “Déjà vu “constante que más que hacerme sentir acostumbrado me hace sentir un extranjero incluso en mi propio hogar, o en cualquier otro lugar. Nadie puede tomarse enserio la figura del proscrito, del extranjero, todos queremos pertenecer  a algo, poder llamar a un espacio hogar y no en un sentido nominal sino con substancia en donde espacio, cuerpo y aliento se alinean en un perfecta experiencia  sensorial donde ser subjetivamente inocente es primero que ser objetivamente culpable; un momento donde sentimiento y razón se juntan.

El hiperactivo, como lo soy yo, con la esencia del proscrito modifica, moldea y reconfigura los lugares para poder sentirse en casa aunque sea de forma efímera-una manera momentana de decir este es mi espacio y estoy aquí-,y ¿ por medio de qué? “Del desorden, del aquelarre” llevado al tiempo actual, hace rituales en donde todo funciona al revés: subvertir la cotidianidad y la rutina; dejar de lado las conductas reguladas y sacar la conducta impulsiva. El desorden en el hiperactivo no es como se cree un acto de destrucción y desacomodo con solo el afán de molestar  sino todo lo contrario es una contrapropuesta inconsciente para con el desagrado e incomodidad que se siente siempre, es un gesto de aceptación espacial con el disfraz de desadaptación. Es dejar de sentirse un expulsado y crear una relación de intimidad con un lugar.

En mi permanente estado de experimentación y desorden he decidido tomar la posición del proscrito original “la Buja y el Bruja”, decir modificar los espacios de modo sobre natural: donde todo es contrario a la naturaleza, poseer los objetos en vez de que ellos me posean. En el tiempo de confinamiento en que se escribe este texto e iniciado por el primer paso de embrujar mi casa para poder sentir y nombrar mi casa como mi casa. Decir este es mi hogar y sentir una alineación centre mi cuerpo y el lugar usando el desorden como articulación en el proceso del aquelarre para proclamar que estoy y estuve aquí.


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