Nunca había sido tan consiente de todo el trabajo físico que realizaba mi cuerpo a diario, es decir; estaba acostumbrado a una rutina mas o menos estricta, todos los días me levantaba a las cinco de la mañana, tomaba una ducha rápida para poder estar a las 6 de en el gimnasio, las rutinas variaban de acuerdo al día de la semana, por lo general hacia un tiempo mínimo de noventa minutos divididos en dos partes, peso integrado y ejercicio cardiovascular, al terminar un baño antes de ir a la escuela o al trabajo según el día de la semana, volvía a casa alrededor de las ocho de la noche, alguna veces después de beber algunos tragos otras directo del trabajo, ya en cada había mas tareas que haces, e iba a la cama al mas o menos a las once treinta de la noche. Repetí esta rutina cinco días a la semana aproximadamente cuatro años, desde el principio mi cuerpo empezó a tener varios cambios, bajas y subidas de grasa y masa muscular, empecé a tener un cuerpo mas definido, mas fuerte y un poco mas resistente; viejas lesiones me impedían hacer cierto tipi de ejercicios y el desgaste que provocaban los ejercicios que si podía hacer afectaban a largo plazo esas lesiones.
Exponerme a
incrementos de peso integrado podía ser benéfico o riesgoso, y nunca sabia cual
de los dos iba a pasar; podía resultar en una nueva lesión o en un musculo mas
resistente y mas fuerte.
Llevaba un
régimen alimenticio exigente, dependiendo la semana, podía tener hasta nueve
ingestas al día y estas no significaban mayor o menos peso, sino mejor
rendimiento, llevaba mi comida a todas partes para poder comer a las horas
indicadas, normalmente preparaba todo lo que iba a comer en el día la noche
anterior, me gustaba comer en grandes cantidades, ¿y a quien no? debido a mi
alto gasto calórico había ocasiones en las que me podía comer una pizza entero
o un pollo frito yo solo y sin preocupación.
A finales del año
pasado desafortunadamente sufrí una extraña condición llamada Purpura de
Schönlein-Hecoch, esta me llevo a la mayor transformación que había tenido en
mi cuerpo adulto y todo el trabajo que había hecho durante meses en el gimnasio
desapareció en cuestión de semanas. En principio mis movimientos de
articulación se vieron seriamente afectados, sobre todo las de mis pies y
piernas, y era muy raro verlas inútiles, después de soportar rutinas con cargas
de doscientos kilos, ahora, con mi cuerpo enfermo mis piernas apenas soportaban
mi propio peso; mis manos no sufrieron un daño menos, hasta ahora es difícil
tomar objetos, hace ciertas actividades y movimientos, los dolores en ambos
casos aun persisten. El tratamiento para tratar esta condición consistía en
grandes cantidades de corticos esteroides que provocaban efectos secundarios
algo extraños: gran apetito, nauseas, perdida de la visión, mareos, resequedad,
hipersensibilidad y sobre todo incremento de peso. Durante quince días parecía
que mi cuerpo no era mío, sino de esta rara enfermedad, no me podía mover si
sufrir dolor. Días después, al ponerme en pie y caminar yo sentía que mi cuerpo
ya no era mi cuerpo, sino el inmueble sucio y poco funcional que una bacteria
había habitado hace poco. Pero eso no fue todo, no solo fueron quince días de
fiebres y subidas de peso, perdidas de masa muscular y acumulación de líquidos.
Los inconvenientes se prolongaron durante mas de dos meses de rehabilitación
física y tratamiento para las articulaciones.
Apenas iba
recuperando el ritmo, ya había vuelto al gimnasio, poco a poco recuperaba la
condición y la fuerza, el movimiento, empecé a recuperar mi talla y la masa
muscular perdida … de repente circunstancias extraordinarias obligan a cerrar
las ésulas, los gimnasios, las establecimientos de convivencia social, los
museos, las galerías, todo esta cerrado a excepción de supermercados, estamos
aislados en nuestras casas, nos vemos obligados a convivir con nosotros mismos,
mas de lo habitual, mas de lo necesario. Me siento en una circunstancia donde
haber recuperado las movilidades, la condición, la fuerza ahora no sirve de
tanto, mis piernas son tan útiles como un tenedor junto a una zopa de verduras
y mis manos, mis ojos y mis habilidades en sistemas son tan útiles como el vino
a mi estrés. Me encuentro harto de escuchar mis propios pensamientos, mis
propias quejas, mis propias rabietas …
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