Memoria de un proyecto

Memoria de un proyecto

 

María Brenda Robles Díaz

 

2020 una pandemia global, un virus que nos distancia de aquellos que apreciamos, y que también nos distancia de vivir el arte como espectadores, y de productores para algunos casos. ¿Qué les pasa a esas piezas que necesitas de ser tocadas para poder funcionar? Solo están esperando el regreso de todos, pero no saben hasta cuándo pasará eso.

 

He hablado con muchas personas de mi proyecto, casi siempre les iba mostrando mis piezas para que vivieran ellos mismos la experiencia de tocarlas, ya que es uno de mis fines en el proyecto, pero en esta ocasión no sucedió así, ya que la ahora para mantenernos seguros tenemos que alejarnos de todos, para mí, y para el arte interactivo, esto es bastante triste.

 

Hablé dos veces de mi proyecto en esta pandemia, la primera fue conmigo misma, así me di cuenta que he hablado mucho de mi proyecto conmigo, pero siempre seguían saliendo más y más dudas desde mi punto de vista. Hasta eso era una zona  de  confort  para  mí,  ya  que  desde  esas  preguntas  es como se me iban ocurriendo piezas futuras para hacer, y mientras lo hacía, vaya que esperaba que esta cuarentena se pasará rápido para poder hacerlas y que el espectador pudiera interactuar con ellas; realmente era algo que anhelaba y deseaba mientras hacía el diálogo.

 

Normalmente   cuando   hablo   conmigo   misma,   puedo   pasar   varios   minutos haciendolo, pero no entendía porque al hacerlo a otras personas siempre terminaba olvidando detalles muy importantes, a pesar de que siempre trataba de ensayar para  poder  hablar  con  otras personas, pero la ansiedad y los nervios siempre terminaban por ganarme.

 

Pero a pesar de todo eso, siempre prefería explicarlo mientras estoy en persona con esa persona que el escribirlo, ya que siempre se me hacía muy difícil poder escribir de  manera  coherente  algo  que  pasaba  por  mi cabeza, sentía que no escribía muchas cosas en comparación de cuando platicó sobre mi proyecto.

 

A  veces  incluso  sentía  que  mis  diálogo  (el propio y con los demás) se había convertido en una plática de café, era súper casual y cómoda, porque quería que mi proyecto sea así, que sea un proyecto con el que las personas puedan sentirse cómodas, además de sentirse cercanas a él, que les mueva o les provoque algo. Porque tal vez la gente se ha interesado mucho menos en el arte porque sienten que están muy alejados a la clase de arte que se hace hoy en día, porque no lo comprenden y por ende ya no visitan museos porque "Eso no es arte".


Las segunda vez que platique de mi proyecto fue a través de una llamada telefónica.

 

Como quería, esa plática fue super casual, tanto que ambas personas estábamos dibujando en un mismo lienzo. Mientras yo platicaba de mi proyecto iba haciendo garabatos  que  me  ayudara  con  mi  explicación,  la  verdad  es  que  eran  unos garabatos muy feos y muchas veces ya ni estaban explicando el proyecto, ya que solo estaba dibujando una palabra, por ejemplo estaba platicando sobre el pez-casa y en automático mi cuerpo solo dibujo un pez. Mientras yo estaba dibujando esa persona terminó por intervenirlos, la cosa se puso súper divertida, esa llamada se convirtió en un lugar de diversión y confianza, esa sensación es lo que he querido lograr con los demás espectadores que vieran mi obra, que más que un ver era un interactuar, que pudieran regresar a su infancia, dónde jugaban y todo les daba curiosidad.

 

Pero esta plática también tenía sus contras, desde un principio sentía que algo faltaba, a pesar de que estaba muy cómodamente platicando sobre mi proyecto, pero a primera vista no sabía qué era ese faltante.

 

Mientras  dibujaba  me preguntaba a mi misma -¿Qué es lo que le falta a esta conversación? Me sentía de la misma forma a la de comer un taco al pastor sin piña, o sea, no está mal, pero ese sabor dulce y ácido faltaba.

 

Me  di  cuenta  que  estaba  tan  acostumbrada  a  enseñar  las  piezas  para  poder explicar, porque en parte era importante que el espectador pudiera vivir en carne propia de lo que estaba hablando, pero por culpa de una pandemia todo esto no pudo ser posible.

 

Y bueno, a la persona con la que estuve platicando ya a visto la mayoría de mis piezas, sino es que todas, pero aún así, no podía ver su rostro de cuando abría el pez y encontraba una pequeña casa dentro de él, o ver cómo se confunde por tanto doblez. Esa experiencia, tanto la mía como la del espectador, es algo que sentía que faltaba. Mi cuerpo me decía que faltaba que esa persona y yo nos pudiéramos ver cara a cara para enseñarle cómo se abre y como se cierra, incluso a muchas personas les he llegado a contar de mi afición a los libros pop-up, porque me marcaron desde que era una niña, me encantaba jugar con ellos, porque aparte de que eran libros, también eran juguetes.

 

Casi siempre que cuento sobre esos libros que tenía cuando era niña, recuerdo el sinfín de sensaciones que estos me provocaron, casi siempre recuerdo con cariño ese  libro  donde  un gato me iba enseñando a todos los animales de la granja mientras uno lo movía de entre las páginas. Siempre esperaba que esa misma sensación se pasará a las personas que veían e interactúan con mi obra.

 

Pero ¿Cómo podía lograrlo si ni siquiera podía platicar correctamente mi obra al estar separada de la otra persona? Porque incluso aunque yo no estuviera ahí,


seguía sintiendo ansiedad, lo que provocaba que terminará por no decir todo lo que quería. ¿Cómo lo iba a poder decirle a una persona que no conoce de nada mi proyecto sin mostrárselo? Todo eso me angustio, no quería que eso pasará.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.