El combatiente que finge valentía y la serpiente que
imita a la de cascabel.
Fue en el comedor que reuní a mi mamá y mi hermano, alrededor de las
veinte horas. Les tenía preparados unos cuestionamientos que eran en relación a
la memoria, les comenté que, en mi percepción, los recuerdos tenían dos categorías
de lo más frecuentes, la primera es el “memorizar” ciertos conceptos, desde los
más básicos como saber quiénes somos, saber cómo volver a casa, hasta conocer
lo esencial de la historia de nuestro país, que, de hecho, lo que se nos queda
es, más que nada, los nombres de los personajes más característicos y sus
cargos como mandatarios; la segunda es la que más me gusta, la que entreteje y
amplia el panorama de nuestra autobiografía, de ahí también se yuxtapone el
cómo nos vamos a hacer vínculos o ejercer prácticas en relación con otras
personas, sucesos del tiempo pretérito nos marcan en cierta medida con
predisposición para el accionar del futuro. Lo anterior desembocó a referirme
en específico al álbum familiar, entonces, ya habíamos armado una especulación
a causa de Oscar: El hecho de que
imprimas una fotografía, la enmarques y la pongas en la pared de tu cuarto no
hace involuntariamente un recuerdo más despierto por más agradable que fuese,
en efecto, la intensidad de un recuerdo tiene más vigor por lo significativa
que fue la experiencia existida, aun cuando no haya una imagen física de dicho incidente.
Mi mamá al parecer no entendió del todo lo que intentaba explicar mi hermano,
dijo que para ella era más fácil que le llegara una evocación más concreta al
mirar un retrato, poniendo el ejemplo de su boda. En aquel momento de igual
manera, imaginé como lucía ella y mi papá el día de su casamiento por la
iglesia, pensé en las sonrisas que se dibujaban en sus rostros, pero la
diferencia era que, para mí fue más ficción que para ella, yo después de ver
las fotografías sí me podía quedar con el recuerdo, no obstante, la lucidez iba
a ser distinta. Mi hermano, pues, dio una resolución, la parafraseo de este
modo: “Por ver una fotografía no se
recuerda, aunque se haya estado en ese momento. La fotografía sólo es un
estímulo visual, incluso un sueño del evento es más vívido que el mismo evento.
La memoria a largo plazo se precisa por la intuición de las improntas particulares”.
A continuación, pasé a describirles acerca de cómo había historiadores
en el campo del arte con nociones de omitir a las pinturas rupestres, sonadas
como casos en Lascaux, Francia o Altamira, España como creaciones exentas de lo
artístico por el hecho de no haber sido concebidas en una época en que hubiese
un mecenazgo o una institución que legitimara lo exhibido por ciertos
parámetros lo que debía contener una pieza artística por el interior como por
el exterior. Asimismo, les hablé de obras intangibles, tales como performances o happenings y el valor de su archivo o registro en el mercado, acordando
su cotización como si fuera una obra de arte palpable a falta de la presencia
intacta, les expliqué narrándoles una de las piezas de Marina Abramović: “rest
energy”. Les dije que qué opinaban al respecto; mamá me contestó de forma
inteligente, dijo algo así como: “La organización es la que impone, pero, no necesariamente
es la verdad. Ahí está la constitución y sus leyes, que se haya escrito no quiere
decir que se hagan cumplir las normas o que sean justas o beneficiarias para
todos”. Mi hermano interpretó lo de las evidencias de los performances con un ejemplo
de Kurt Cobain y sus cabellos, me expresó que los que lo admiraran podrían
evaluar uno de sus mechones por el mismo valor de su persona, por ser una
posesión de lo más cercano a él que tuvieran, así en las atribuciones del arte,
lo que más se pueda guardar o recuperar será encarecido según sea la conmoción
o controversia causada por el artista; pero, el importe de un registro de una
pieza, nunca se volvería la pieza en sí.
Finalmente discutimos acerca de ficción,
se las hice ver así: Cuando nos presentamos ante un desconocido tratamos de dar
una buena impresión, cuando subimos una fotografía a una red social por lo
general tratamos de dar una actitud optimista, y si es algo negativo enmarcarlo
como acto de protesta, algo en lo que se están tomando aspectos a favor o en
contra, pero, de cierta manera exponiendo un juicio con sensatez. Entonces
¿Cómo defenderías la postura de que la realidad cabe dentro de la ficción, pese
a que no esté en una clasificación de fantasía de lleno? Llegaron a la
conclusión de que, más que por una necesidad se finge porque es inevitable y
porque muchas veces somos incapaces de aceptar la realidad, ya que, nos asusta,
nos tiene inconformes; va desde una garantía por conseguir dinero, amigos,
prestigio o hasta seguridad. Oscar hizo mención de la serpiente toro, un tipo
de víbora que copia las posturas y hace el ruido de un cascabel sin tenerlo,
esto con el fin de ahuyentar a posibles depredadores, no para obtener presas.
Mamá citó un fragmento del libro ¿Cómo
ganar amigos e influir sobre las personas? De Dale Carnegie: “De niño- escribe Roosevelt- Leí un pasaje
de uno de los libros de Marryat que siempre me impresionó. El capitán de un
pequeño barco de guerra británico explica al héroe cómo adquirir la virtud de
la intrepidez. Dice que en un principio casi todos los hombres se sienten
aterrorizados cuando van a entrar en acción, pero lo que deben hacer entonces,
es engañarse a sí mismos de modo que puedan actuar como si no tuvieran miedo.” Y
fue así como una de mis remembranzas de la preparatoria vino a mí. Tenía que
exponer sobre un famoso o artista en la clase de inglés, me quedé helada y no
solté ni una sola palabra de mi boca; me dije a mí misma que fallaría y fue
exactamente lo que pasó. Actualmente persigo un futuro ilusorio que en mi
cabeza está siempre presente, aún soy portadora de un pasado que todavía no ha
recibido fuertes secuelas como para olvidarme de qué es lo que se supone que me
define. ¿Qué quedará de mi cuerpo sino todo lo ajeno a mí? De lo que me hago
acreedora y a la vez no merezco. Palabras que no pronuncié, mas me apropié.
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