Los días no se detendrán, y yo no puedo
quedarme quieto, no puedo parar de preguntarme
hacia a donde voy, no hay un solo momento del día, de mi vida, en el que
pueda encontrar la válvula de escape que hay en mi mente y dirigirme a ella,
las imágenes que proyecto en mi cabeza me transportan a los escenarios más
infausto en donde nunca me he visto a mí mismo salir con vida, imágenes
proyectadas sobre la forma en la que pierdo el aliento que me lleva a formar
parte de la existencia en las circunstancias más espantosas manufacturadas por
este ordenador orgánico poseedor dé libertad creativa para torturarme.
Pero lo sé, concluyo en que la ilusión
me lleva a la desilusión y la resolución es la disolución.
Mi mente es un interminable
rompecabezas, es un agujero en el que sobre especular cada cosa, acción,
palabra me produce un cáncer, mis tentativas por conservar una mínima cordura solo
conducen a conseguir lo inverso de lo que necesito. Es una estratagema que acontece
en silencio, anhelando por que la extinción de la flama del loop solo se
tratara de un ejercicio proporcional en cuanto a dificultad a mi solvencia al
no evidenciar la huella de la debilidad.
Ahora sabes mis motivos porque bebo, nada
logra replicar el nivel de confort que me otorga. Nada puede hacerme más daño
que la forma en la que yo lo hago.
La realidad me aburre.
Estos últimos meses la pronunciación de todas
las palabras trágicas existentes en el leguaje han retumbado en el aire desde
fuera hacia dentro con la misma frecuencia en que estos fenómenos en sí mismos
toman lugar, y sin embargo con una intensidad en la declamación que provoca la
hipersensibilidad en el colectivo y en un plazo más extenso se llega a la
insensibilidad.
Para Martin Heidegger no somos sujetos,
sino seres en el mundo que siempre estamos experimentando ante algo, el arte es
una forma específica de estar en el mundo, el pensamiento de Heidegger concibe
al arte como un mundo en el cual los seres humanos tomamos una actitud
particular.
Para Arthur Schopenhauer todo el arte
es liberador, ya que este genera placer en términos de que nos permite
alejarnos del dolor de la necesidad, al alcanzar un estado de contemplación
desinteresada, y una separación del conocimiento de la voluntad.
Trayendo mi pasado al presente debería
mencionar una condición de mi propia conducta, me refiero a mi existencia se
describe como un individuo en un cuerpo solitario, autónomo y poseedor del
nivel de conciencia necesaria para lograr situarse y trazar especulaciones
respecto a lo que le rodea.
Las recomendaciones sanitarias de
aislamiento nunca sonaron como una acción aplastante (al precio, pero ya estoy
harto) para quienes pasamos y disfrutamos horas sin cruzarnos y sin comunicar
una sola palabra con otro ser humano, para quienes el silencio es un principio
del ser, el silencio no demuestra oposición, no es obstáculo es aliado, es una
obertura en la que todo se embrióna.
En los últimos solo he tratado de salir
de mi mente, suprimir toda disonancia externa todo bajo le esfuerzo de
continuar con vida, silenciando la voz interna que me repite que estoy a dos
pasos de llegar a la locura, mientras no la escuche continuare produciendo un
dialogo conmigo mismo en el silencio y en la reclusión voluntaria, en un
ejercicio de disociación conmigo mismo me pregunto en voz alta que tan cerca
esta la humanidad de desaparecer, que tan precisa y honesta es este vorágine de
información, preguntándome, siempre preguntándome, esta es mi estrategia de
salvaguardo a él gen creativo que habita dentro de mi cuerpo.
Estamos cerca del final, cerca de salir
del agujero.
La cuenta es regresiva para ser de los
gusanos la comida.
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